martes, 14 de enero de 2014

Ruah. Canción


RUAH, RUAH ALIENTO DE DIOS EN NOSOTRAS.
RUAH, RUAH, ESPÍRITU DE NUESTRO DIOS.

Espíritu de Dios en nosotras,
derriba los muros antiguos,
construye una nueva creación,
levanta la ciudad de Dios.

No tiemblen tus huesos,
Yo seré tu fuerza,
haré fecundo lo estéril,
los lisiados danzarán.

Tu fuerza sobreabundará
en la humilde pequeñez,
de la raíz de una flor
al sabio corazón anciano.

Nuestros mayores verán visiones
y los jóvenes tendrán sus sueños,
las mujeres profetizarán
y al frente irán los pequeños.

Sabiduría encarnada en Jesús,
gracia que recrea de nuevo,
fuego que prende en la historia,
en el centro y en los márgenes.

La Creación entera danza
y entona un alegre canto,
belleza de días eternos,
alabanza de nuestro amante Dios.

Raíz del Tronco de Jesé,
árbol con brazos tan fuertes,
vida que crece muriendo y
revelando la ternura de Dios.

Benditas mujeres fuertes
como Rut, Sara y Esther,
vincularon generaciones
en Espíritu y en verdad.

Una llamada a las naciones:
“mujeres levantáos, ponéos en pie,
naced con nuevo poder.
Los humildes poseerán la tierra”.

Luchamos a una por la libertad,
un mismo latido, canción del Espíritu.
Hermanas en el gozo, en el dolor,
antigua y fuerte es nuestra danza.

Ruah, Ruah, alè de Déu en nosaltres,
Ruah, Ruah, Esperit del nostre Déu.

Ruah, Ruah, Jainkoaren arnasa gugan,
Ruah, Ruah, Jaunaren Ispiritua.

Ruah, Ruah, alento de Deus en nosoutras,
Ruah, Ruah, Espírito do noso Deus.

RUAH, RUAH, BREATH OF GOD WITHIN US.

RUAH, RUAH, SPIRIT OF OUR GOD.



Letra en inglés

Los cinco minutos del Espíritu Santo. Enero 3

     
      En la Palabra de Dios, el Espíritu Santo se nos presenta como un fuerte ruido, que resuena potente, que sorprende, que admira: "Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, como si fuera una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban" (Hech 2, 1-2). ¿Por qué ese ruido estremecedor, porque ese viento atronador, ese inesperado trueno que descoloca a quienes lo escuchan?
     Porque el Espíritu Santo es como un grito de amor que vuelve a despertar a los que están adormecidos, desganados, melancólicos. A esos que han perdido el entusiasmo en la vida y son como una vela que se apaga, el Espíritu Santo en algún momento les resuena en el corazón y les grita: "¡Despierten, salgan, vivan!".
     Cuando parece que ya no podemos escuchar nada interesante, nada que nos anime, nada que nos estimule, el Espíritu Santo aparece como un grito en el alma: "¡No te sientas solo, aquí estoy, vamos!".
     Por eso cuando San Agustín, después de su conversión, decía: "Señor, has gritado, y has vencido mi sordera".
     Pidamos al Espíritu Santo que nos despierte y nos devuelva las ganas de caminar, de avanzar, de luchar; que nos regale el santo entusiasmo de los que se dejan llevar por Él.

Fuente: Los cinco minutos del Espíritu Santo

Los cinco minutos del Espíritu Santo. Enero 2

       
       Al Espíritu Santo se lo suele representar con una llama de fuego. De hecho, el día de Pentecostés descendió sobre los Apóstoles de esa manera: "Entonces vieron a parecer una lenguas de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo" (Hech. 2, 3-4).
       ¿Por qué el fuego?
       Porque cuando el Espíritu santo se hace presente de una manera especial, las personas no quedan igual. Se produce un cambio. Nadie puede quedar indiferente si aparece una llama de fuego en su cabeza, si allí donde hacía frío y oscuridad repentinamente hay calor y luz. Todo cambia.
       El Espíritu santo nos permite ver las cosas de otra manera, y nos ilumina el camino para que no nos quedemos acurrucados, apretando las manos y refugiándonos en un lugar cerrado. Por eso su presencia nos llena de confianza y empuje.
       Entonces, es bueno invocar al Espiritu Santo para que inunde de color y de vida nuestra existencia:
       "Ven fuego santo, luz celestial, porque a 
       veces me dominan las tinieblas y tengo frío
       por dentro. Ven, Espíritu, porque todo mi 
       ser te necesita, porque solo no puedo, 
       porque a veces se apaga mi esperanza.
       Ven, Espiritu de amor, ven". 

Fuente: Los cinco minutos del Espíritu Santo